Thursday, April 20, 2006

STONES TOURING PARTY

Por alguna razón que desconozco, en la versión 'on line' de Semana/Arcadia Libros no colgaron las reseñas. Ya que en estos días estamos tan rockeros por estos lados, me tomo el atrevimiento de transcribir la versión sin capar de la reseña que hice del libro Viajando con los Rolling Stones, de Robert Greenfield (editorial Anagrama).

Para entrarle a este libro, escrito en 1974 y reeditado a finales de 2005, es necesario remontarse a un pasado remoto casi imposible de imaginar para alguien que se haya criado en los años 80 o en los 90. Es necesario viajar un poco en el tiempo.
Estamos en 1972 y el rock apenas comienza a manifestarse como un negocio redondo. Las estrellas ya le coquetean por el ladito al jet set duro y al poder pero todavía generan desconfianza. Aunque el año como tal pertenece a la década de los 70, en muchas cosas el mundo aún funciona como en los sesenta, solo que sin Beatles. Todavía hay guerra en Viet Nam y en Estados Unidos, el telón de fondo de la crónica, existen movimientos anti guerra y a favor de los derechos civiles. No es sólo un viaje a otro siglo. Es como ir a otro planeta.
Un planeta que describe Robert Greenfield con un estilo distante y un tanto desapasionado: nada de adjetivos desbordados ni loas a las estrellas, nada de zalamerías, sólo descripciones precisas a cargo de una pluma digna de la edad de oro del llamado Nuevo Periodismo. A Greenfield los Stones le dieron el papayazo de acompañarlos durante los dos largos meses que duró la gira de los Rolling Stones por Estados Unidos y él lo aprovechó para relatar pormenores públicos y privados, salpicados por flashbacks que le permiten contar de manera somera el pasado de los Stones y de algunos de los miembros claves de la gira. Al desarrollo de la gira le intercala capítulos antetitulados ‘Cuentos del cielo del rocanrol’ en los que Greenfield suelta un poco más su pluma y narra historias paralelas: desde los periplos de algún seguidor de la banda para no perderle la huella a la caravana volante hasta un detallado análisis financiero del asunto.
No se trata de cualquier paseo. Vista en restrospectiva, estamos en el año cero de las giras de las grandes bandas tal como las conocemos ahora. Este es el primer intento serio por organizar bien un evento y, más importante aún, hacer de todo aquello un negocio rentable.
El prólogo a esta reedición de 2005, a cargo del gran crítico de música español Diego A. Manrique, así lo sinstetiza: “Ahora que nadie cree que la actual gira de los Rolling Stones sea la última, ahora que sospechamos que llegarán a centenarios sobre un escenario y que –sigamos fantaseando- protagonizarán el primer concierto de un grupo de rock en el espacio exterior, resulta aleccionador el retroceder a un tiempo en que se pensaba que un S. T. P. (Stones Touring Party) era el equivalente a una expedición de vikingos, a una partida de bárbaros consagrados al pillaje y al escarnio”.
En realidad lo de pillaje y el escarnio resulta un tanto exagerado para un lector de nuestros tiempos. Muchas de las escenas duras y crudas del libro parecen a los ojos de hoy insulsos juegos de preadolescentes. Acostumbrados como estamos a escándalos mil veces peores, vemos a estos Stones y al combo que los acompaña como a un puñado de principiantes que cruzan Estados Unidos a bordo de un vetusto Lockheed Electra turbohélice. Por lo general pasan la noche en hoteles de tres pesos y no tienen nunca claro qué tal va a salir el próximo concierto. Puede que falle el sonido, que el cansancio los domine, que en una aduana decidan arrestarlos.
Al terminar la lectura queda una sensación de desasosiego. ¿Los Rolling Stones son esto? ¿No son más que esto? Bueno. Al fin y al cabo no son los Rolling Stones de Satisfaction o Sympathy for the devil. Son unos músicos que acaban de publicar Exile on Main Street, su última obra maestra, y que de ahora en adelante se preparan para entrar de frente al rock corporativo, cada vez más con mentalidad de empresarios y cada vez menos en plan de trovadores. A partir de esta gira que el lector acaba de terminar nace un monstruo que aún hoy no termina de crecer.

6 Comments:

Blogger Arte en Todas Partes said...

Oiga Arias... una preguntica:

Y la gente de Semana, ¿fresca de que Ud. publique material de la revista acá en su parche bloguero?

Lo digo porque es interesante la opción de no tener que comprar la revista, ni entrar al sitio de ellos, si a las cosas que valen la pena vamos a poder acceder en-línea en bitacoras bien. Para la muestra este botón.

10:48 AM  
Blogger EDUARDO ARIAS said...

Pues lo publiqué acámporque no sale en SEMANA.COM, además con crédito y tal. Pero le confieso que no me hice esa pregunta.

10:15 AM  
Blogger Scared Crow said...

Quiza al fin de cuentas todo termine corrompiendose, "el camino del infierno esta empedrado de buenas intenciones"; quedan la inspiracion y la voluntad; quedan las letras de las canciones y los ritmos revolucionarios; yo estoy de acuerdo con Borges y creo que al artista hay que juzgarlo por su obra; el resto es comidilla de revistas y de diarios.
Al fin y al cabo los Stones son unos sobrevivientes, una institucion, quizas a pesar de ellos mismos; igual ahora con tantas Libras en Suiza no tendran necesidad de tours que les den de comer, no?

6:36 PM  
Blogger Tio Rojo said...

igual semana la compran para leer el escàndalo de la portada y soho principalmente para hacerse la paja, asì que no creo que haya problema

5:09 AM  
Blogger Great White Wonder said...

Eduardo,

de tu reseña me quedo con tu último comentario sobre el desasosiego que queda tras la lectura y la idea del "rock corporativo" y es que, en el fondo, ellos lo sabían (You can´t always get what you want) y eligieron seguir adelante.

Un saludo.

2:06 PM  
Blogger dysanubis said...

la verdad es que te doy las gracias por la reseña, es buena y me sirve para hacer mi trabajo sobre este libro... que sinceramente no se como comermelo, no me gusta en absoluto... pero oye, gracias a gente que le gustó voy a ver si hago un resumen con mis palabras y tal.... XD

1:24 PM  

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