Thursday, August 25, 2005

1966

Mi abuelo Vicente me llevó a conocer el mar. Él siempre fue un comerciante, entre otras cosas fabricante de sombreros en algún momento de su vida, y en una de sus correrías decidió irse conmigo. No recuerdo casi el itinerario de aquel viaje por tierra. A veces íbamos en taxis colectivos, otras veces en flota. De niño yo era muy malo para viajar por carretera, así que buena parte de los recuerdos de ese viaje que aún conservo tienen el agrio sabor de la hiel en la boca y suelen tener mucho que ver con una ventanilla que se abre de manera precipitada o una bolsa plástica. Recuerdo haber ido a Ibagué, a Armenia tal vez, a Manizales y Pereira con toda seguridad. De mi paso por Manizales sólo recuerdo un partido de fútbol en el estadio Fernando Londoño y Londoño. Caldas le ganó a Millos 5 a 2 y alguien hizo un gol de media chilena. ¿Será cierto todo aquello?
En Pereira nos quedamos a dormir donde su hermano Jesús. Era un barrio modernoso, como de casas de un piso. De la ciudad sólo recuerdo casas republicanas con tejados de barro. Nada que ver con la Pereira plagada de edificios que vi de refilón hace como nueve años en un periplo familiar con destino Bolombolo y Medellín.
De Cali solo recuerdo la Plaza de Caicedo. También el viaje en flota. Bueno, recuerdo del viaje en flota un vendedor de uvas, tal vez en Andalucía (eso creo recordar) y la cara de fastidio de mi abuelo Vicente porque la uva que le dieron de prueba estaba re ácida. Desde entonces conservo el tic de pasarme la pulpa de esas uvas vallunas y escupir la cáscara.
Pero lo que sí recuerdo es que mi abuelo, a pesar de que no tenía nada que hacer en Buenaventura, me llevó en un taxi colectivo a conocer el mar. Mi primera impresión del mar es oscura, gris, plomiza, una inmensa bahía que cada seis horas se llena de agua color café y luego se desocupa y se llena de aves zancudas que picotean la oscura arena de una playa kilométrica. También recuerdo a alguien botándose del trampolín en la piscina del hotel Estación.

7 Comments:

Blogger EDUARDO ARIAS said...

No censuré a nadie, era un spam en inglés.

3:31 PM  
Blogger Emily Santiago said...

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3:36 PM  
Blogger Pet Index 2 said...

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3:49 PM  
Blogger El Cofrade said...

nada romántica pues su visión del mar...

8:12 AM  
Blogger Federico de la Regueira said...

No se preocupe, esos mensajitos estan plagando las cajas de comentarios. No ha sido el único.

Algún día tendrá que ir a Gorgona, es cerca de Buenaventura, pero es otra cosa. El problema es que si tiene problemas con el viaje por tierra, por mar, a la isla, va a ser un tormento.

11:55 AM  
Blogger Mónica Bernal said...

Despues de 30 años comiendo uvas vallunas puedo decirle que existen solo dos clases:
las acidas, tremendamente acidas
y las maduras, dulces, que tienen un sabor casi fermentado y que dejan una resaca salvaje, si se consumen en exceso a los 9 años.
Bella nostalgia la suya.

6:16 PM  
Blogger EDUARDO ARIAS said...

Cofrade, psara mí es una visión muy romántica. Breve, mínimo, sin banda sonora (por decir algo, sin sonido del viento o canto de alguna gaviota), ese es uno de los recuerdos más fuertes que conservo de mi ya remota infancia. Esas playas del Pacífico, esa marea que sube y baja me parece mucho más fuerte y evocador que el cliché caribe del playa, brisa y mar. Obvio, ambas posibilidades me gustan. Pero me parece mucho más... no sé, poético... el Pacíco colombiano.

11:49 AM  

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