Friday, May 06, 2005

DESDE EL ASFALTO

Nota: Esto lo acabo de escribir para Semana.com y lo transcribo porque tiene mucho que ver con la idea original que tengo de esta página.


Camino por Bogotá desde niño. En mi casa no había carro (o mejor, mi papá tenía un Studebaker negro modelo 53 pudriéndose en el garaje de la casa de mis abuelos) y por lo tanto él nos llevaba a mi hermano Guillermo y a mí al centro en bus y luego nos arrastraba al trote por la Décima y la Séptima con sus -para nosotros de apenas cinco y tres años- enormes zancadas.
Para mí, por lo tanto, caminar por Bogotá es algo natural aunque convertí esa opción en medio de transporte a comienzos de los 80, cuando me di cuenta de que si uno camina sabe que se demora de ir de un lugar a otro un tiempo muy preciso, con un margen de error muy chiquito, sin importar si hay trancón o no, si es festivo a las 11 de la mañana o viernes de quincena a las seis de la tarde. Por lo tanto decidí que cualquier destino que esté entre 40 y 50 cuadras a la redonda es distancia caminable. Claro, este esquema rige en sectores en los que uno, por decirlo de alguna manera, juega de local y sabe más o menos a qué atenerse.
Dos cosas aprendí muy pronto.
La primera, caminar rápido cansa menos que caminar despacio. El ritmo ayuda y cuando ando de afán me le pego al sonsonete de alguna canción bien marchosa como por ejemplo Live with me, de los Rolling Stones.
La segunda, uno debe fraccionar mentalmente el recorrido. Ejemplo, si voy del parque de Lourdes al centro (unas 40 cuadras, que parece un jurgo), pienso. “De la 63 a la 57, nada, seis cuadritas. De ahí a la 53, por favor...¿Qué son cuatro cuadras? De la 53 a la 45, pinches ocho y ya casi estamos en Teusaquillo... y así llega uno al centro como en 45 minutos muerto de la risa.
Claro... En Bogotá no hay casi andenes en buen estado (antes de Peñalosa no había ningún andén en buen estado y estaban invadidos por los carros), caminar junto al smog de los buses no debe ser muy sano, lidiar con los charcos es bien bravo... todo eso es cierto. La ciudad parece diseñada para que uno odie caminarla.
Pero es a pie (y también en bicicleta) como uno aprende a conocer aunque sea un ínfimo porcentaje de los pequeños detalles de la ciudad. A fijarla de una manera mucho más firme en la memoria. A enamorarse de antejardines con sietecueros floridos, a detallar la forma de una reja cualquiera en Santa Teresita o San Luis, a distinguir las tapas del acueducto que se fabricaron en la Ferrería Corradine de las del Acueducto, a descubrir secretos mínimos como, por ejemplo, calles que parecen planas y que en realidad son bastante inclinadas, como la séptima entre la 100 y la 92 o la 53 y la 45, a pillarse atajos, entrañables recorridos escondidos que pasan inadvertidos a apenas una cuadra de la ruta obvia.
Cada quien se forma una idea de su ciudad, de su fragmento de ciudad, y la mía tiene muy poco que ver con imágenes de vías rápidas a través de un vidrio polarizado. Tiene mucho que ver, en cambio, con parques de barrio, cuadras y esquinas que repaso y repaso cada vez que salgo a caminar.

7 Comments:

Blogger wintermute said...

"La ciudad parece diseñada para que uno odie caminarla" sii, toda la razon don Eduardo! tambien he caminado la ciudad, bueno, donde se puede caminar, y he descubierto rincones q nadie lo ha hecho: rincones donde no pasa ninguna ruta de buseta, rincones hermosos desperdigados en todo el eje urbano de este monstruo.

10:53 AM  
Blogger legalv said...

creo que parte de ser "ciudadano" de ciudad (valga la redundancia) es ser ante todo buen peatón. El que se rinde a la locomoción deja de una lado la escencia de la delicadeza urbana. Los detalles solo se aprecian a pie.

11:58 AM  
Blogger Drayru said...

cuando uno camina, se hace más amigo de la ciudad.. la hace parte de su cotidianeidad y deja de verla como el simple artefacto donde por una u otra razón, le tocó vivir.

3:45 PM  
Blogger Frank said...

No hay nada como buscar rutas diferentes para un mismo destino. Se conoce, se siente, se desahoga...

4:30 PM  
Blogger Álvaro Ramírez said...

Bello texto. Buen blog. Mucha lluvia.
Un saludo.

12:33 PM  
Blogger Natalia said...

Apenas leí este post recordé un verso de Calvino sobre las calles como líneas de la mano... pero no lo encontré :( y como no me quiero irme sin comentar algo relacionado:

“Las ciudades no muestran todas sus caras. Para conocerlas y descubrir sus partes ocultas, las imágenes y metáforas de sus ‘otros’ espacios, hay que ‘perderse en ellas’ como sugiere Calvino, descubrir los lienzos de las fachadas, descifrar los discursos omitidos.” Edwin R. Quiles

8:52 PM  
Blogger patton said...

Pues si, nada se compara con el conocer el atajo entre barrios, las calles peatonales y saber que el andén de la siguiente esquina tiene un rotico que nos puede tronchar el tobillo, y evitarlo conciente y premeditadamente.

Antes de la bicicleta mi medio de transporte eran mis piernas (bueno, siguen siéndolo) ... sólo que ahora me rinde un poco más.

12:21 PM  

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